venres, 11 de maio de 2018

O QUIXOTE E A PARROQUIA DE ARMENTÓN

     Como ben sabedes, estamos a traballar nun libro no que imos a recompilar máis de 150 artigos que Manuel María Puga, o lendario Picadillo, escribiu en varios xornais coruñeses entre os anos 1902 e 1918. Pois ben, nun deses artigos, o publicado en “El Noroeste” o 4 de abril de 1905 baixo o título de “La instrucción en la aldea”, Picadillo dáballe aos seus lectores unha idea aproximada de como estaba o tema educativo na parroquia de Armentón por aqueles días.

     O señor Conde, como era coñecido en Arteixo, empezaba a devandita crónica facendo mención dunha historia acaecida pouco despois de que entrara a formar parte da redacción de “El Noroeste” dicindo que...

  “ El entusiasmo se apoderó de todos nosotros y el que más y el que menos se echó por las calles y por las aldeas á la caza de nuevos lectores. A mí también me tocó mi parte y aprovechando la primera ocasión en que fuí al campo, reuní en conclave á los caseros más acomodados y les hablé en la siguiente forma:

Caballeros: Ahora hay ná Cruña un papel periódico que da moito gusto de leelo. Non costa mais que unha peseta cada mes, é vós ben podedes suscribirvos que con eso saberedes todas as novedades que pasan pó lo mundo.

-Bien está, si señor.
-A ver, lista: Manuel Loureiro, Bernabé Gómez, Juan Grela Grela, Domingo Abeleira, etc.” 

     Segundo nos conta no artigo, o noso protagonista conseguiría doce ou catorce novas subscricións entre os seus caseiros de Armentón coas que, días máis tarde, aparecería na Coruña cheo de satisfación e co peito inchado coma un pavo real, facéndoas inscribir acto seguido nas listas da administración de “El Noroeste”.

     Transcorre o tempo. Picadillo bota na Coruña dous ou tres meses sen pisar as súas posesións en Arteixo. Mentres, “a súa xente” seguía pagando relixiosamente o seu periódico e ata incluso había algún subscritor que facía as oportunas reclamacións cando algún día, por casualidade, non recibía o número.

    Naquela hora o correo de Anzobre era, seguindo a tradición no país, unha leiteira, leiteira que de cando en vez chegaba cos seus encargos á hora do crepúsculo. Alfredo Tella, compañeiro de redacción en “El Noroeste” de Picadillo que asinaba a súa sección “Croniquillas” co seudónimo de Equis, contaba naquela altura nun dos seus chispeantes artigos que certo día…

      ”Tardaba mucho la conductora de las cartas; ya casi era de noche oscura y no había llegado. Da muchísima rabia en el campo este retraso del correo, pues se esperan periódicos y cartas con la impaciencia del que no tiene nada que hacer. Por fin apareció la lechera, montada en su burro, con su paquete de costumbre y con otro paquete bastante grande envuelto en trapos.
-¿Cómo tardaches tanto, rapaza?
-Desimule, señor. Foi que parín en Arteixo. 
Aquí teñen o neno.
Efectivamente, traía una preciosidad de chico, y estaba como si tal cosa”. 

Transcorridos eses dous ou tres meses, Picadillo voltaría ao seu pazo de Anzobre e, aos poucos días de estar alí, foino a visitar un dos seus “enlistados”.

-¿E cómo lle vai?
-Ben, e ti?
-Ben, para servir a Dios e a vostede.
-¿Qué traes de novo?
-Pois señor, eu víñalle dicir a ver cando deixamos de pagar o periódico.
-¿Enton, non che gusta? ¿non está de acordo coas túas ideas?
-Non, non señor, non é iso.
-¿Pois que pasa, home?
-Pois é que na casa ningún de nós sabe ler.

      Ante tan rotunda declaración, Manuel Puga daría de baixa a ese caseiro como subscritor de “El Noroeste” sen ningún tipo de explicacións. Á semana seguinte, dos catorce só quedaban catro; os dez restantes non sabían ler!

      Os catro que si o sabían facer manterían por bastante tempo a súa subscrición no xornal herculino, mais un deles acabaría por darlle as queixas a Picadillo dicindo que os traballos do campo ían para atrás porque (frases textuais)... la canalla desprencipia á ler al ponerese el sol y se están lendo hastra las dos de la noche é despois non hay quien los haja deixar la palleira. Ese tamén convencería ao señor Conde e tamén o faría dar de baixa.

      Os outros tres continuarían tan interesados e satisfeitos que ata nunha ocasión un deles enviaríalle a seguinte carta a Picadillo:


Para el Señor amo
perillona 31 de marco 18905

      Mui señor mio denpues de saludar le a vdt y demas amigos desa redencion paso amanifestale lo sigiente
el que no be mundo señor amo es coma una vesta brava y aquí el paisano careze de enstrucion publica porque el gobierno no se coida de adautar el porfesorado en una devida forma y los rapaces se crian lo mesmo que almallos en lo que se relaciona con la sabeduria interior de la caveza por eso nole estrañará que le derija estas 4 mal tracadas letras por ber si nos saca de una cabilazion muy grande que tenemos yo y barios mas todos becinos de este lujar en los voletines que ustés nos mandan desde el nordeste anda ay dias una cosa que llaman el centanario de un tal quigote y por mas que lemos y lemos no sacamos nada de la leutura mas qe a ese quigote lo a echo un tal don grabiel de Carvantes ou aljo asi cuyo don grabiel era manco por lo cual emos acordado los de la perillona ponernos en una comision para decirle a usdt que fale con el escrebiente del periodeco señor de eques que es el mas pabero de todos y nos heche una esplicacion de lo que quier dezir eso del centinario
Es un señor moy adivertido y a de sacar alguna destruzia para acerenos conprender bien lo que quiere dicir.
ia sabe usted qe aquí estamos para que nos moleste en cuanto sea gustante.
No destraendo mas su de licada atención y con rrecuerdos á la familia y amigos que por mi pergunten es de usted p.p.p.q.p.m.p.b.,
Manuel Cotelo feli Pez.

Lugar da Perillona, parroquia de Armentón
      Picadillo decidira inserir esa carta nas páxinas de “El Noroeste” para pór de manifesto...”cómo anda la instrucción pública por las aldeas, á pesar del aumento de sueldo á los maestros y de la multiplicación de las escuelas”, unha carta coa que a veciñanza da Perillona solicitaba a súa particular axuda para descifrar o contido das “Croniquillas” en torno á figura de un tal “Don Quijote” e dun tal Miguel de Cervantes que, por aqueles días, escribira Equis (Alfredo Tella), o xornalista aludido na carta precedente.

      Así pois, Equis tivera que romperse o miolo para dar unha explicación que poidera ser entendida por aquela xente da Perillona sobre o terceiro Centenario da publicación de “Don Quijote de la Mancha”, a novela escrita por Miguel de Cervantes en 1605, uns veciños que o 30 de abril de 1905 podían ler en “El Noroeste”, logo de agardar uns días con ansiedade e moita curiosidade, a explicación de Alfredo Tella: 
 

El Centenario en la aldea”

      Pues señor, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, y ya que en estos días de fin de mes y entrada de otro hay que pagar á la patrona y á todos los demás proveedores de artículos de primera y segunda necesidad, voy á pagar también una deuda que tengo con el gran “Picadillo” y con su colono y muy señor mío Cotelo Felípez de la Perillona, el autor de la más graciosa carta que ha visto la luz en letras de molde. Cierto es que la deuda data de principios de mes y yo la pago á últimos, lo cual da una malísima idea de mis condiciones de solvencia, pero diré para tranquilidad de mis acreedores metálicos que me cuesta más trabajo pagar con la pluma que con los cuartos. Y, en fin, hace muy cerca de dos años que le debo á don Miguel de Unamuno unas coplas macarrónicas que me pidió, y aún no le mandé, y en cambio cumplo con Cotelo Felípez dentro del mes, lo cual dará á tan apreciable labrador y vecino muy alta idea de la consideración que me merece.

Alfredo Tella, Equis
    Lo malo del caso es que cualquiera explica á los habitantes de Bergantiños que fueron educados como “almallos”, según modesta y propia confesión, quien fue don Miguel de Cervantes y porque todo el mundo se entusiasma tanto con su libro.

    Cervantes, amigo Cotelo, era un manco, ó lo que es lo mismo “toco”, según les llamamos en el país, que, después de haber ido al servicio y visto mucho mundo, cogió la pluma con la mano sana y poniendo boca en un loco y en su criado, que parecía tonto, les dijo á los españoles de aquellos tiempos una porción de verdades tan grandes como bueyes de Laiño. Que eran unos tontos más grandes que sus criados y unos locos más grandes que él; que andaban perdiendo el tiempo en caprichos y cosas que no valían la pena, mientras que su hacienda se la llevaban todos sus diablos y estaba descuidado el gobierno de su vida.

    Si Cervantes hubiera escrito el Quijote en estos tiempos y para que lo leyéseis os pintaría un paisano que sale por el mundo con su criado para perseguir á los labradores que echan en sus tierras arena de Baldayo y que no enganchan los novillos al carro hasta que tienen tres años. Os diría que debíais gastar reloj de plata bien gordo y cadena con fleco bien largo, pantalón de campana sin remontas y sombrero con un revólver dorado en la cinta, en lugar de las polainas y monteras que tan buenos servicios os prestan. Y os diría también que deberíais prescindir de vuestras costumbres sencillas, que bailaseis polkas y mazurkas despreciando el “manelo”, que en lugar de unto le echaseis al caldo extracto de carne de ese que viene de Buenos Aires, y que es conveniente lavarse la cara cada ocho días y los pies cada quince y poner á prado las tierras porque dan más que á trigo.

     Al leer estas cosas vosotros comprenderíais que aquello era una broma y diríais como de costumbre: Bueno, bueno, Dios nos deixe andar de á cabalo de quien lo entiende.

    Ya veis, pues, lo que hizo ese Don Miguel y lo muy agradecidos que debemos estarle todos por habernos abierto los ojos.

      Por eso debeis celebrar todos el centenario como una de las grandes solemnidades de la vida. Echad lacón y costilla en el puchero, tomad vino del país y arroz con leche, y si después de esto os reunís en la cocina y contais unos cuentos de esos que sabeis vosotros llenos de sentido práctico y cuyas moralejas dejan muy atrás á las de Sancho Panza, podreis alabaros de haber realizado unos festejos mucho más alegres y mucho más cervantinos que todos cuantos hagan en Madrid.

EQUIS.


Quixote obra de Antón da Barreira
     Non sabemos se os veciños e as veciñas da Perillona entenderían, coa explicación dada por Equis na súa sección “Croniquillas”, quen era o tal Miguel de Cervantes, o “Don Quijote” e tamén que demo era iso do Centenario… é probable que si, mais as respostas quedan no aire. O único que podemos afirmar é que moitos anos máis tarde, a principios da década dos 50, un matrimonio da parroquia carballesa de Rus, Antón da Barreira e Flora Seoane, chegaban a Armentón desde o seu Carballo natal para instalar o seu domicilio en Anzobre, lugar onde el montaría unha carpintería, a carpintería de Sánchez, unha das de máis sona do Arteixo de antano. Curiosamente, medio século despois de que o fixera na Perillona, o espíritu do Quixote voltaba a revivir nese lugar da xeografía arteixá xa que Antón esculpiría en madeira algunha que outra figura do popular fidalgo da Mancha!






venres, 4 de maio de 2018

DESCRICIÓN DO ARTEIXO DE 1921:

Reportaxe publicado por Carré Aldao en El Ideal Gallego o 10 de marzo de 1921:


GALICIA ARTÍSTICA

LA ANTESALA DE BERGANTIÑOS


 EL VALLE DE ARTEIJO

     Este valle, que comprende todo el término del Ayuntamiento de su nombre, compuesto de nueve parroquias principales y cuatro anejos en una extensión de 70 kilómetros cuadrados (I), es, entrando por la parte de La Coruña, como antesala de la comarca bergantiñana.
     País quebrado y montañoso en sus dos terceras partes, ostenta severo aspecto cubiertas sus laderas por el tojo y los pinares, apareciendo como impregnado de cierta tristeza, pues no ofrece a los ojos del viajero las espléndidas galas de otros puntos de Galicia, por cuanto el arbolado solamente abunda en determinadas feligresías y son tan humildes y de escaso caudal sus corrientes de agua que no pueden aspirar al título de ríos, teniendo que contentarse con la simple categoría de arroyuelos.

     
     De todos modos el fuerte contraste de la severidad de los lugares áridos y selváticos con el verdor perenne de las cañadas y vallecitos que se abren al abrigo de las altas y escarpadas montañas dan tal serenidad y melancólica poesía al paisaje que predispone a las almas soñadoras a la meditación y recogimiento, resultando más grata la visión de los risueños campos de labradío y de los prados siempre verdes en medio de aquellos ásperos parajes.

     Y nótese de paso cómo aquí la ruda belleza del país no acusa la característica femenil que suele atribuirse por la generalidad a Galicia y que es debida a la impresión momentánea de los que, en rápida visita a nuestra tierra por determinados lugares, sentaron una premisa servilmente copiada por los demás.

     Asimismo, y como condición que honra y enaltece a nuestra raza, es digno de señalarse que en todo terreno donde el esfuerzo humano halla recompensa a su trabajo, allí vese la mano del hombre arrancando en hondonadas y laderas o en las altas cumbres de los montes el máximo de producción que son capaces de rendir a quienes amorosamente las cultiva. Aquellos que se quejan de que haya grandes extensiones incultas en nuestra región o de que en otras no se varíen sus productos, desconocen o que son ingratas al cuidado que se las pueda prestar o que están tan alejadas o faltas de comunicación con todo centro consumidor que sería inútil o ruinoso su laboreo o la sustitución de su cultivo.

     Integran el valle de Arteijo tres cañadas. Una es el riente valle que comprende las feligresías de Lañas, Loureda y Arteijo, que forma la cañada que comienza al Oeste de Lañas con la sierra de la Estrella, separación de Bergantiños, sigue por el alto pico del monte "do Galo" y viene al Sur por los montes de Vilarchán y Carboeiro, que están sobre Loureda. El último tiene 369 metros de elevación, en su meseta, cerca de la que después se halla el lugar de Santa Leocadia, en donde en forma de cono arranca un picacho con 100 metros más de altura desde cuya cima se ve en un día claro la parte de caserío de La Coruña, la torre de Hércules, la Marola y acantilados de su costa hasta la entrada de la ría de Ferrol.

     Continúa la divisoria por los montes de Boedo, separación del valle de Veiga (Culleredo), del de Arteijo y sitios al Este como Morás, Arteijo y su castro y los de Oseiro, que cierran el valle, fertilizado por el arroyo Bolaño, que nace de la vertiente de los montes entre Balay y Fortesende, aldeas de Loureda y aumentando su caudal con varios regatos atraviesa todo el valle a cuyo paisaje presta hermosura con los giros y revueltas de su curso y pasa por el Puente de Bá, baños y lugar de Arteijo, hasta llegar al Océano por la playa de Alba, inmediata al lugar de Rañal (Arteijo).

     Al Bolaño afluye otro riachuelo que tiene la denominación de Caldas, y nace en Lañas, baja por los molinos de Pedregal y sigue por el puente dos Cabalos y se le une un poco más abajo del Puente Bá, estando ambos pasos en la carretera de Finisterre.

     Desde el paraje en el que se encuentra el Balneario se domina este valle en gran parte de su extensión, viéndose despejada llanura hacia el Norte, frente al Alba, cuya playa se divisa así como el monte Castelo de Lañas, término de los Barbeito y Angra, que separan Arteijo de Barrañán, como también se destacan perfectamente el picacho Subica, que es cual otro centinela del valle y el citado de Santa Leocadia.

     Otra encañada es la que se encuentra al Este de la anterior y a las faladas orientales de los montes Penasqueira, en Arteijo, y que está compuesta por las feligresías de Morás, Oseiro y Suevos, dominada al Sur por los montes de Morás, y al Este de dicha parroquia por la gran elevación de 514 metros del Xalo y el monte "das Arcas", llamado así por sus mámoas, y al Oeste por los montes de Oseiro y el macizo pedregoso de Suevos, que forma con su extremo septentrional la punta Langosteira.

     Cruza por este valle el arroyo Rexidoiro, formado por varios regatos procedentes de las vertientes orientales y que faldeando los montes de Arteijo, por su ladera del E., se pierde en el mar por la playa de Sabón, después de separar Oseiro de Arteijo.

     La tercera y última cañada es la de las feligresías de Armentón, Loureda, Monteagudo, Sorrizo, Chamín y Barrañán, que se extiende al occidente de la de Arteijo, teniendo a su Oeste las faldas orientales de la sierra de la Estrella  con el Monte Agudo a 300 metros de altura y regándola el arroyo Castro que halla sus fuentes en Monteagudo, procedentes de varios manantiales de dicha parroquia y de la de Armentón, yendo por la playa de Barrañán en busca del Océano.

     En estos riachuelos abundan las truchas y anguilas, habiendo además otros pequeños regatos, muchos de los cuales desaguan por varios puntos del litoral.

     La parte de costa que corresponde a este Ayuntamiento corre de Oeste a Este desde la punta Altiña al puertecito de Suevos, llamado también "Agra doce". Hállanse en este trayecto el puerto de Sorrizo, que está al Este del de Cayón (Laracha) separado por la punta Altiña, los arenales de Barrañán, Chamín, Areas grande y pequeña de Balcobo, playa de Alba y Sabón, toda una, en la que por el Sur de la primera entra el Bolaño y por el Norte de la segunda el Rexidoiro, da la vuelta a la punta Langosteira y después a la península de Suevos, llamada la Insua, hasta el punto de "Agra doce", que se extiende por el paraje fronterizo a Nostián, que parte es de Arteijo y parte de Oza-Coruña (2).

     Los puertos de Sorrizo y Suevos no tienen condiciones que sirvan sino para pequeñas embarcaciones. No está formalizada aún la pesca en ellos, más que por alguno que otro bote destinado a esa industria. En Suevos, sobre todo, podría fomentarse en escala algo importante.

     Limita el término municipal al Norte con Oza-Coruña; al Este, con Oza-Coruña y Culleredo; al Sur, con Laracha; y al Oeste, con el mar.

      Está servido por las carreteras de Coruña a Finisterre, que es del Estado; las provinciales del Espiño (Coruña) a Morás, y la de Lañas a Armentón y el camino vecinal que sale de Arteijo hacia Sorrizo.

     Cruza la primera en sus 15 kilómetros de recorrido por el Municipio, por los términos de Pastoriza, Oseiro, Arteijo, Lañas, Armentón y Larín. Con bastantes cuestas, el paisaje que recorre este camino es casi uniforme al descrito. A la salida de Lañas, inmediato a la Fuente Loureiro, se disfruta de una perpectiva deliciosa, abarcándose todo el valle que forman Lañas, Armentón, parte de Monteagudo y Barrañán, teniendo por término la playa del último nombre. Se encuentran en el trayecto, a orillas de la carretera, las Fuentes de la Choupana (Pastoriza), Arteijo y Campos (Anide, Larín).

     En Lañas, a la derecha de la carretera a Finisterre, en el lugar de Hermida, el más importante que se halla desde Arteijo a Laracha, arranca la carretera provincial a Armentón que, en semicírculo al Oeste, atraviesa por Anzobre y vuelve a tomar la derecha de la carretera a Finisterre en Anide, Larín, con un  recorrido de cinco kilómetros. Tiene una pendiente larga, pero inferior a un 5 por 100 en la subida hasta el dicho lugar de Hermida.

      De Arteijo parte a la derecha un camino vecinal hacia Sorrizo y que tan solo llega a Barrañán, en cuyo punto se halla sobre el mar y gozándose de un encantador panorama viéndose a la derecha la entrada de Ferrol y a la izquierda las islas Sisargas. Sus pendientes no pasan del 8 por 100. Su continuación, por la playa, pasando por el punto al extremo de la misma, subiendo por Chamín y Sorrizo hasta el límite de esta última parroquia, es el lugar de Germaña, en Cayón, Laracha, además de facilitar la comunicación con dicho puerto, será de utilidad para las parroquias que servirá. Lo construído son tres kilómetros.

     La carretera del Espiño a Morás, termina a los ocho kilómetros del punto de partida en la aldea de Uges, después de cruzar por los valles de Elviña y San Cristóbal das Viñas, dejando, al pasar Lonxas, a la derecha, la iglesia y el campo donde se celebra la romería tan concurrida por los vecinos de La Coruña, el domingo siguiente a la festividad de Santiago, subir por el Birloque para bajar al Martinete y por Mesoiro y Feáns. Abandonado la el Ayuntamiento de Oza-Coruña entra ya en el de Arteijo, disfrutándose en su trayecto de perspectivas varias.

     Todos los demás caminos son los antiguos, estrechos y de difícil tránsito, especialmente en invierno.

     Complemento de las vías de comunicación que precisa esta comarca para dar fácil y cómoda salida a sus variados productos es la carretera en trazas de ejecución, llamada de La Coruña (Estación) a los baños de Arteijo. Parte en las inmediaciones del ferrocarril, va por el valle de San Cristóbal, casi paralela a la de Morás, dejando al Este la iglesia, sigue por inmediaciones de Meicende, Furoca, Moucha y el Maceira (todas de Pastoriza), Galán, Froxel y Seixedo, de Oseiro, donde aprovecha el puente de la carretera de Finisterre, siguiendo al valle de Arteijo por el Oeste de Groufa y Campo salvará el arroyo Caldas y se continuará por sobre el Balneario para terminar en la aldea de Hospital, enlazando con la carretera de Finisterre.

     No tan sólo se acortarán así distancias sino que se facilitará el tránsito hoy considerable y que hace se vea animadísima la única vía que puede decirse existente, un gran número de automóviles y camiones de carrera que llenan el servicio de transportes de viajeros y mercancías con toda la parte NO. de la provincia.

     El proyectado ferrocarril Coruña-Carballo-Corcubión daría mallor vida al Municipio, como se la dará si se lleva a cabo el tendido del tranvía eléctrico de La Coruña por Arteijo y Carballo.

ALGO DE PASADO

     Aun cuando esto de las etimologías por lo que afecta a los nombres toponímicos, resulta algo sospechoso por irlas a buscar generalmente en lenguas extrañas, abandonando las aborígenes diremos que nombre de Arteijo afirman proviene del de "Artabro", lugar cálido o mejor, pueblo fogoso o del de "Artes", que significa caliente, sin duda por sus aguas minerales, aun cuando éstas, de no estar olvidadas, cuenten poco más de un siglo desde su descubrimiento.

     La fantasía de nuestro Vicetto atribuye ese nombre a "Artai", hijo de Brigo, que estableció allí su "gah" o vivienda, llegando con su ardiente imaginación hasta darnos los detalles más íntimos del héroe legendario. De este fabuloso personaje hace descender la tribu de los "Artaigo", "Artabrigos" o "Artabros", que poblaron este territorio hasta el Cabo Finisterre, y en una novelesca relación de su "Historia de Galicia", tomo primero, Ferrol 1865, páginas 25 y siguientes, nos impone de los celos de "No" y "Céltigo", por causa de la hermosísima "Noeglia", dando ocasión a que corriera por vez primera sangre de una misma raza y tuviera lugar la amorosa intervención de la matrona "Celt", hija de "Artai", para que cesara la lucha entre hermanos. De aquí arranca el historiador gallego el respeto a las madres gallegas, respeto, escribe, que perduró a través de los siglos como lo testifica la lápida encontrada en las cercanías de La Coruña, con la siguiente inscripción:

T. FRATERNVS
MATRIBVS
GALLAICIS
V.S.L.M.

que quiere decir: Tito Fraterno pagó de buena voluntad su voto a las Madres Gallegas.

     Según el ilustre historiador Manuel Murguía, en su "Historia de Galicia", tomo I, segunda edición, Coruña 1901, página 672, en ese voto se alude, no como supone Verea y Aguiar, en su también "Historia de Galicia", tomo primero único publicado, Ferrol 1838, página 22, a todas las "madres gallegas", sino a las de la tribu de los galaicos, como una especie de cultos tutelar y no privativo tan solo de nuestra región sino en uso en otros países como se ve por la lápida dedicada en Francia a las "madres termagistas" (3).

     Más verosimil que las derivaciones anteriores parece ser la proveniente de la voz euskera "Artz" (oso) máxime estando tan próximo a Oseiro, que trae esta denominación del "Ursarium" latino empleado en la Edad Media, en la que todos los nombres toponímicos indígenas fueron reducidos en los documentos a su mayor semejanza con los del Lacio.

     De los tiempos prehistóricos consérvanse aún los Castros de Pastoriza, con su altar drudico (?), de Arteijo y de Figueiroa, próximos y en la misma parroquia y el de Lañas, siendo el más importante en nuestro concepto el de Pastoriza, digno de un detenido estudio.

     De la vía romana, que ya dijimos venía por la costa, aún hay restos que permiten seguir su itinerario, pues por Chamín continúa la calzada que procedente de Baldayo (Carballo) seguía a Arteijo y luego continuava a La Coruña, teniendo en términos de Arteijo tan solo los puentes de Barrañán y Figueiroa.

  Las señales de pasados poderíos en más modernos tiempos las tenemos en los pazos de Anzobre (Armentón), de Oseiro, de Figueroa (Arteijo), y de Atín (Loureda) y los restos de la torre fortaleza de Suevos.

     El actual Municipio de Arteijo formó parte de la primitiva provincia de La Coruña, la más pequeña de las siete del reino de Galicia, con los cotos o jurisdicciones de Oseiro, Santa Cecilia (Morás) y Anzobre. Las feligresías de Arteijo, Pastoriza, Loureda, Lañas y Suevos, pertenecían al Coto de la Ciudad de La Coruña y las de Chamín y Monteagudo al de Erbocedo, en Bergantiños.

     A los descendientes del famoso Gómez Pérez das Mariñas perteneció el Señorío de la mayor parte de este territorio y la historia de tan ilustre familia está ligada íntimamente al mismo. Aparte del "Nobiliario" de Vasco da Ponte, donde se encuentran exactas y curiosas noticias y debe verse la documentada obra "Gómez Pérez das Mariñas y su descendencia", publicada en La Coruña en 1917 por nuestro estimado amigo César Vaamonde Lores. Por sucesiones y enlaces pasaron las propiedades de los Pérez das Mariñas a otras casas. Suevos pasó a la familia del Río; Figueiroa, a la de Navas, y Anzobre, a la de Gimonde, y hoy Puga.



(I).- Cuenta con 83 aldeas y 414 grupos inferiores y edificios aislados y 10.397 habitantes de derecho y 2.368 viviendas y 424 albergues.

(2).- En los "Derroteros de Costa" oficiales figuran nombres de playas y puntas que en el país no distinguen. Tal sucede en esta parte con las de Vela, Rexidoiro y Cándamo. Esta última nos hace recordar el "Jupiter Candamius" referente a una localidad  asturiana. También "Cándamo" se llamaba a cierto antiguo baile rústico.

venres, 27 de abril de 2018

RAFAEL SOUTO, UN ARTEIXÁN NAS SEMIFINAIS DO MUNDIAL DE 1954

     De pai de Arteixo e nai de Carballo, que fixeran a maleta da emigración nos anos vinte do século pasado na procura das oportunidades que non tiñan na súa terra de nacemento, Rafael Ángel Souto Castro nace en Montevideo o 24 de outubro de 1930, tan só uns meses despois de que Uruguai conquistara, xogando coma país anfitrión, o primeiro Mundial da historia.

Rafael Souto no Atlético de Madrid
   Cando era un cativo de poucos anos, xa se apreciaba no noso protagonista que podía ter futuro no mundo do balón demostrando, en cada partido que xogaba nas rúas do seu barrio, que tiña unhas condicións innatas para a práctica do fútbol.  

     O bo facer do rapaz chegaría aos oídos dos técnicos do Nacional de Montevideo, que o ficharían para as súas categorías inferiores na segunda metade da década dos corenta. Rafael debutaría no primeiro equipo en 1952, ano no que forma dianteira con Jorge Enrico, Julio Pérez, Héctor Rial e Javier Ambroi e, saborea por primeira vez as meles do éxito ao proclamarse campión de Liga cun Nacional no que había outros dous fillos de galegos: José Emilio Santamaría e Héctor Ríal, que non tardarían en fichar no Real Madrid.
 
      As boas actuacións de Souto no seu equipo, onde habitualmente xogaba polas dúas bandas do ataque deixando un pulmón en cada partido coas súas chegadas á portería contraria, levaríano a vestir a elástica da selección charrúa na Copa América de 1953 celebrada en Lima.  

  Alí, en Perú, o arteixán-carballés xogaría tres dos seis partidos do campionato e Uruguai acabaría ocupando o terceiro posto do torneo con 7 puntos, a só un de Brasil e Paraguai, campión e subcampión respectivamente.

La Voz de Galicia, 25 de agosto de 1958
      Ao ano seguinte, en 1954, uns días despois de que Rocky Marciano revalidara por terceira vez o su título de campión mundial dos pesos pesados, Souto viaxa a Europa para disputar o Mundial de Suiza co combinado charrúa, combinado no que tamén figuraba outro fillo de arteixáns: Oscar Míguez, futbolista campión do mundo en 1950 do que xa vos teño falado en algunha que outra ocasión.

      Nos partidos da primeira ronda, ante Austria, Checoslovaquia e Escocia, Rafael Souto non disputaría nin un só minuto, o mesmo que lle acontecería no encontro de cuartos de final ante Inglaterra, no que os sudamericanos vencen aos británicos por 4-2. Sería no encontro de semifinais, ante Hungría, onde se produciría o seu debut, que viñera dado pola lesión de Julio Abbadie, mancado no partido anterior. Húngaros e uruguaios xogarían o que para moitos entendidos foi o mellor partido da historia dos mundiais, un partido que remataría 2-2 e que se resolvería na prórroga con dous goles de Kocsis para os europeos. Uruguai, sen a presencia de Souto nin de Míguez, despediríase do Mundial de 1954 perdendo 1-3 a final de consolación contra Austria.

Imaxe do Mundial de Suiza de 1954 na que o porteiro de Hungría, Gyula Grosics, golpea o balón baixo a presión de Rafael Souto

     Unhas semanas despois de finalizar o Mundial de Suiza, Rafael asinaría un contrato por dúas tempadas co Atlético de Madrid, mais no cadro colchoneiro tería unha actuación bastante gris, xogándo tan só catro partidos na campaña 1954/55, na que anota un gol na victoria por 4-1 que os madrileños consiguen ante o Alavés na 5ª xornada, e só un partido na 55/56, tempada na que acabaría xogando cedido no Elche.

     En 1957, volve ao Nacional de Montevideo e acada o título de Liga co equipo dos seus amores, no que permanece ata que recibe a chamada do R.C. Deportivo da Coruña, naquela hora en Segunda División, para xogar dúas campañas. Na primeira delas, a 58/59, formando parte da dianteira que integra con Polo, Vigo, Moll e Manchón, Souto anota catro goles nos dezaoito partidos que xoga coma titular, unha actuación que, aínda demostrando boa técnica e dominio do balón, sería discreta polo que permanecería no cadro deportivista unha das dúas tempadas que tiña asinadas. Rafael, tralo seu efímero paso pola terra na que naceran seus pais, voltaría a Uruguai, onde xogaría algúns anos máis ata a súa retirada definitiva dos terreos de xogo.